La copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, dedicó un amplio segmento de su alocución a reivindicar la profundidad histórica, simbólica y espiritual del Palo de Mayo, una de las expresiones culturales más antiguas y persistentes de la Costa Caribe, exaltando su origen universal, su preservación comunitaria y su papel como testimonio vivo de la resistencia cultural afrodescendiente en el país.

En este sentido, Murillo remarcó que «el primero de mayo se empieza esta gran fiesta de la cultura afro-caribeña», y subrayó que la celebración no solo es festiva, sino identitaria, histórica y profundamente espiritual. Por tal razón, para sustentar la importancia de esta tradición, citó la investigación del historiador Donovan Brautigam Beer, destacando su afirmación sobre el carácter trascendental de esta tradición ancestral: «El palo de mayo de la Costa Caribe nicaragüense, es una reliquia de la cultura universal en su sentido original».

Asimismo, la copresidenta explicó que la raíz del Palo de Mayo se remonta a civilizaciones antiguas, destacando: «El culto al árbol se originó en Egipto, para honrar a su diosa de la fertilidad… y después se hizo universal en la antigüedad. Las personas en diferentes países decoraban y danzaban alrededor del árbol, que era el símbolo de la fertilidad». Con esta contextualización, reivindicó el valor de Nicaragua como heredera viva de un símbolo que otras naciones “dejaron perder” por razones moralistas o puritanas.

Resistencia cultural y preservación de la identidad afrodescendiente

En esta línea, la mandataria amplió que el proceso histórico transformó esta danza en muchos países hasta desaparecerla en algunos, recordando: «El curso de la historia fue haciendo desaparecer los bailes y trasladándolos a salas, a ciudades, e incluso en algunos países se prohibió». Pero resaltó —con tono de orgullo— que la Costa Caribe nicaragüense resistió esa desaparición gracias a la fuerza cultural de sus pueblos afrodescendientes y creoles.

Por otro lado, la copresidenta citó el análisis del investigador Johnny Hodgson, enfatizando que «en la Costa Caribe de Nicaragua, desde 1787, los pueblos afrodescendientes creoles lo transformamos… y lo hemos preservado con nuestros propios instrumentos, nuestro propio ritmo y nuestras propias canciones». Afirmó que cada canción del Palo de Mayo no es solo baile, sino también memoria histórica, crónica comunitaria y testimonio cultural: «En la Costa Caribe, todo lo que sucedía, los creoles lo convertían en una canción de Palo de Mayo».

De igual manera, Rosario Murillo profundizó en el carácter resiliente de esta tradición, resaltando la actitud vitalista y esperanzada de los pueblos que la sostienen: «Siempre los pueblos creoles han mostrado esa actitud alegre, positiva ante la vida… hasta de lo negativo se ríen». Enfatizó que esta música expresa la capacidad de transformar adversidades —huracanes, incendios, naufragios— en relatos cantados, cargados de dignidad y fuerza.

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Finalmente, esta celebración es un reflejo de la resistencia histórica frente al colonialismo y la esclavitud afirmó, «pueblos que vinieron desde África, que pasaron por el escarnio y la tortura de la esclavitud y que ahí están, vibrantes, alegres, creativos, fuertes, adelante siempre, atrás jamás». Aseguró que los pueblos afrodescendientes continúan aportando vigor cultural, identidad nacional y sentido de comunidad al país.

Periodista: Carlos Daniel Jarquín