La expansión de la OTAN: ¿seguridad colectiva o instrumento de injerencia geopolítica?

La expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene poco más de tres décadas, acelerado por la caída de la Unión Soviética (1991), de hecho, su nacimiento se produce para atacar al comunismo después de la II Guerra Mundial (entre 1945-1948). Actualmente son 32 países miembros de este club selecto que busca la “paz, democracia y estabilidad” en Europa y Estados Unidos; pero, ¿realmente contribuye a una paz real la OTAN, o es un organismo pro guerrerista, desestabilizador e injerencista de países?

Dicho por ellos mismos: La OTAN fue creada por 12 países de Europa y América del Norte el 4 de abril de 1949. Desde entonces, otros 20 países se han unido a la OTAN a través de 10 rondas de ampliación (en 1952, 1955, 1982, 1999, 2004, 2009, 2017, 2020, 2023 y 2024); (OTAN, 2024).

Resulta interesante que la OTAN ha engrosado la lista de países miembros, pero no son cualquiera los países: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo como fundadores; no es coincidencia que todos ellos tengan economías fuertes, ejércitos importantes, injerencia e influencia geopolítica. Le siguen naciones que después se adhirieron como Bulgaria, Romania, Slovakia, Slovenia, Estonia, Latvia y Lithuania en 2004; todas post soviéticas, y por supuesto geoestratégicas para los intereses OTAN.

Después está Albania y Croacia, adheridas en 2009 bajo el pretexto de Integración euroatlántica, modernización de las fuerzas armadas y estabilidad regional (OTAN, 2024). Montenegro en 2017, para impulsar la “estabilidad en los Balcanes”.

El Norte de Macedonia en 2020, también por lo de los Balcanes e integrar al país a instituciones euro transatlánticas. Finlandia se unió en 2023, surgido luego del conflicto entre Rusia y Ucrania; que dicho sea de paso empieza por el interés de Kiev de integrar el bloque; bajo el mismo argumento adhirieron a Suecia en 2024 “Fortalecer su seguridad tras la invasión rusa de Ucrania y contribuir a la defensa colectiva”, (OTAN, 2024)

El crecimiento de la OTAN y los intereses estadounidenses

Detallando lo anterior, en 25 años la alianza ha duplicado su número de miembros, pasando de 16 a 32 países. Esto no resulta extraño, pues Estados Unidos ha usado a la OTAN para mover sus intereses en Europa y otras regiones, pero particularmente arremeter contra Moscú. Joshua Shifrinson (2024) de CATO Institute (anti ruso a todas luces) dice que “Fundamentalmente, este fue un proyecto principalmente estadounidense: si bien muchos de los estados a los que se expandió la OTAN deseaban unirse a la alianza, la mayoría de los aliados existentes se oponían a la expansión y Washington tuvo que persuadirlos y presionarlos para que la aceptaran” (Foreign Affairs, 2014).

Todo apunta entonces que la “voluntad” de los países para adherirse al bloque no es tan genuino, sino que hay también presión de la misma OTAN, según sus propios intereses; por lo que entonces tienen que preparar el terreno en cada país para poder hacer los cambios y que los países “soliciten” su adhesión, que es el primer paso para empezar el proceso de integración.

El mismísimo antiruso Shifrinson (2024) dice que la OTAN no ha cumplido sus finalidades; expresa que ha perjudicado la seguridad estadounidense, creado aliados de conducción temeraria y logrado antagonizar a Moscú. “Finalmente, la ampliación contribuyó al empeoramiento de las relaciones con Moscú. Existen muchas razones por las que las relaciones entre Estados Unidos y Moscú se deterioraron en las últimas tres décadas, al igual que existen múltiples factores que impulsan la continua agresión rusa en Ucrania, la cual ha congelado profundamente las relaciones entre Estados Unidos y Rusia”, (Shifrinson, 2024).

Por su lado, Vijay Prashad sostiene que la expansión de la OTAN hacia Europa del Este y la intención de incorporar a Ucrania a la alianza contribuyeron al deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente. Según su análisis, esta política de ampliación redujo las posibilidades de establecer un sistema de seguridad compartido en Europa y favoreció una escalada de las tensiones geopolíticas (Prashad, 2022).

En conjunto, la evidencia y los análisis presentados muestran que la expansión de la OTAN ha sido interpretada por diversos académicos y analistas críticos no solo como un proceso de ampliación de una “alianza defensiva”, sino también como una estrategia de proyección geopolítica y agresión de Occidente en el espacio postsoviético.

Desde esta perspectiva, el avance de la Alianza hacia las fronteras de Rusia habría contribuido al deterioro de las relaciones entre Moscú y las potencias occidentales, incrementando la desconfianza mutua y configurando un escenario de mayor confrontación e inestabilidad en Europa; algo que puede beneficiar directamente a Washington.

Moldavia: ¿se repite el libreto de Ucrania?

En el tablero de la OTAN aparece la República de Moldavia, territorio que al igual que Ucrania, es fronterizo con Rusia. El organismo se ha interesado mucho en esta nación por esa posición geográfica; pareciera que todo país que haga frontera o esté cerca de Moscú es buen candidato para ser parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Foster sostiene que la expansión de la OTAN tras el fin de la Guerra Fría no respondió únicamente a objetivos de defensa colectiva, sino que formó parte de una estrategia para ampliar la influencia política y militar de Estados Unidos en Europa del Este. Desde esta perspectiva, países como Moldavia han quedado inmersos en una competencia geopolítica entre Occidente y Rusia, lo que ha incrementado las tensiones regionales (Foster, 2022).

En tanto, diversos análisis publicados por The Grayzone sostienen que la creciente cooperación entre Moldavia y las instituciones occidentales, incluida la OTAN, forma parte de una estrategia más amplia de expansión de la influencia de Estados Unidos y sus aliados en el espacio postsoviético. Según esta interpretación, dicha dinámica ha intensificado la rivalidad geopolítica con Rusia y ha aumentado la importancia estratégica de Moldavia en Europa oriental (The Grayzone, s. f.).

Transnistria es una estrecha franja moldava ubicada al este del río Dniéster que, aunque forma parte del territorio reconocido internacionalmente de la República de Moldavia, se separó de facto tras el conflicto armado de 1992. Desde entonces mantiene un gobierno, fuerzas de seguridad e instituciones propias, con el respaldo político, económico y militar de Rusia. La existencia de este conflicto no resuelto ha influido en la política exterior moldava, reforzando durante años su postura de neutralidad constitucional para evitar verse involucrada en una confrontación directa entre Rusia y la OTAN.

Tras el conflicto de Transnistria, la República de Moldavia adoptó el principio de neutralidad permanente como un mecanismo para preservar su estabilidad y evitar verse involucrada en la confrontación estratégica entre Rusia y la OTAN. Sin embargo, el incremento de la cooperación con instituciones occidentales ha generado un debate sobre la viabilidad y el futuro de esa política de neutralidad (Popescu, 2020).

Según Tudora (2023), el fortalecimiento de la cooperación entre el gobierno moldavo y las potencias occidentales puede debilitar la neutralidad constitucional del país e incorporarlo progresivamente a la confrontación estratégica entre la OTAN y Rusia. En un artículo titulado “OTAN: La organización más peligrosa del planeta“; se sostiene que la expansión de la OTAN después de la Guerra Fría ha incorporado progresivamente a Estados del espacio postsoviético dentro de la arquitectura estratégica occidental, aumentando las tensiones con Rusia (Tricontinental Institute for Social Research, 2025).

Pero, ¿qué es lo que realmente busca la OTAN en Moldavia? Podría ser una repetición del caso Ucrania. Nos ayuda lo que dice el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, que afirmó que la OTAN estaba acelerando la transformación de Moldavia en una “cabeza de puente” militar en el flanco oriental de la Alianza y preparándola para un posible conflicto armado con Rusia. Según el comunicado, la infraestructura moldava estaba siendo adaptada para facilitar el despliegue de fuerzas de la OTAN; (SVR, 2025).

Alexander Bortnikov, actual Director del Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa (FSB) afirmó que la OTAN estaba “arrastrando literalmente a Moldavia hacia una confrontación militar con Rusia y Bielorrusia” y que el país estaba perdiendo independencia política bajo influencia occidental, (Bortnikov, 2024). El Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, declaró que cualquier acción contra las fuerzas rusas desplegadas en Transnistria sería considerada un ataque contra Rusia y expresó preocupación por la evolución de la política de seguridad de Moldavia respecto a Occidente, (Lavrov, 2022).

En este contexto, Moldavia se perfila como un nuevo punto de tensión dentro de la disputa geopolítica entre la OTAN y Rusia. Diversos análisis sostienen que el incremento de la cooperación militar y política con Occidente podría debilitar su histórica neutralidad y reproducir dinámicas similares a las observadas en Ucrania. De mantenerse esta tendencia, el país podría convertirse en otro escenario de confrontación estratégica en Europa del Este, con implicaciones para la estabilidad regional y el equilibrio de seguridad en el continente; y por supuesto más allá.

https://t.me/canal2nicaragua

En consecuencia, el debate sobre el papel de la OTAN continúa siendo un elemento central para comprender las dinámicas contemporáneas de poder, estabilidad y confrontación en el continente europeo; contrario a sus propósitos.

Desde esta perspectiva, la política de ampliación de la OTAN no solo habría incrementado la percepción de amenaza por parte de Moscú, sino que también habría favorecido un escenario de creciente confrontación geopolítica en el que Rusia ha respondido invocando la defensa de sus intereses de seguridad y soberanía.

Periodista: Carlos Daniel Jarquín