Las parteras desempeñan un papel esencial en las comunidades, especialmente en zonas rurales y de difícil acceso; no solo acompañan a las mujeres durante el embarazo, parto y posparto, sino que también brindan orientación, apoyo emocional y vigilancia constante para garantizar el bienestar de la madre y el bebé.



Su conocimiento, transmitido de generación en generación, se complementa actualmente con capacitaciones brindadas por el personal de salud. Esto les permite reconocer señales de alerta, referir oportunamente a las embarazadas a unidades médicas y trabajar de manera coordinada con médicos y enfermeras.
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En este contexto, cobra relevancia el parto humanizado, un enfoque que prioriza el respeto a la mujer, sus decisiones y su bienestar físico y emocional durante el proceso de dar a luz. Este modelo promueve un ambiente cálido, la compañía de familiares y prácticas que reducen el estrés, fortaleciendo la experiencia del nacimiento como un momento digno y seguro.
Casas maternas fortalecen atención comunitaria
Un elemento clave en este modelo son las casas maternas, espacios donde las embarazadas, principalmente de zonas alejadas, pueden permanecer antes del parto. En estos lugares reciben atención, alimentación y seguimiento médico, mientras cuentan con el acompañamiento cercano de parteras, quienes aportan confianza y cercanía cultural.
Dentro de las casas maternas, las parteras cumplen una función vital: acompañan, orientan y sirven de puente entre la medicina tradicional y la atención institucional, contribuyendo a que las mujeres se sientan seguras y comprendidas.

Hoy en día, Nicaragua cuenta con un modelo de salud comunitario que reconoce el valor de las parteras como aliadas estratégicas. Su participación ha sido clave para acercar los servicios de salud a las comunidades y garantizar que más mujeres accedan a una atención oportuna y de calidad.
Periodista: Sinaí Espinoza