El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, declaró este sábado estado de excepción en todo el país tras siete semanas de bloqueos y protestas que han afectado la circulación, el abastecimiento y las actividades económicas en distintas regiones.

La medida incluye la posibilidad de aplicar toque de queda en zonas específicas, además de restricciones a la venta y consumo de alcohol y a los servicios bancarios en áreas donde se registren bloqueos o hechos de violencia. El Gobierno sostiene que la decisión busca restablecer el orden y garantizar el funcionamiento normal del país.

El mandatario explicó a través de sus redes sociales que la disposición no busca alterar la normalidad, sino recuperarla. Señaló que los bloqueos prolongados han impactado el trabajo, la educación, el acceso a la salud y el abastecimiento de productos básicos.

Asimismo, afirmó que el país necesita recuperar la libre circulación y el funcionamiento de los servicios esenciales. También reiteró su disposición al diálogo con los sectores que busquen una salida pacífica al conflicto.

En un mensaje dirigido a la población, el presidente advirtió que quienes continúen con acciones de bloqueo, violencia o alteración del orden constitucional enfrentarán sanciones conforme a la ley. Recalcó que el Estado aplicará todos los mecanismos legales para proteger a la ciudadanía.

El decreto establece que las Fuerzas Armadas brindarán apoyo a la Policía para garantizar el orden público en las zonas afectadas. Además, el Gobierno aclaró que los derechos constitucionales se mantienen vigentes y que las actividades comerciales podrán continuar con normalidad en la mayoría del territorio.

El anuncio se da en medio de reacciones divididas. La Central Obrera Boliviana (COB) firmó un acuerdo con el Gobierno y suspendió sus medidas de presión. Sin embargo, otros sectores, como la Federación de Campesinos Túpac Katari de La Paz, decidieron mantener sus movilizaciones y bloqueos en distintas regiones del país.

Fuente: Telesur