La puesta en escena de la ópera Rigoletto en el Teatro Nacional Rubén Darío evidenció el avance artístico y formativo que han alcanzado los intérpretes del Instituto del Canto Lírico (INCANTO), así como el crecimiento del movimiento lírico en Nicaragua. La función, desarrollada la noche del viernes, reunió a un público que acompañó cada acto con aplausos sostenidos, valorando el nivel de la producción.

En esta segunda presentación de la temporada, la sala principal del teatro registró una notable asistencia, reflejando el interés de una audiencia que continúa acercándose a este tipo de espectáculos. La calidad vocal e interpretativa de los artistas respondió a las expectativas, reafirmando el proceso de formación que impulsa INCANTO en el país.

La soprano Katherine Velásquez destacó la evolución del repertorio y el nivel de exigencia que enfrentan los artistas en cada temporada. Señaló que “cada año vamos teniendo un repertorio más complicado, más difícil y más retador para cada uno de los artistas que formamos parte”. Además, resaltó la presencia de jóvenes espectadores, lo que considera un indicador positivo para el futuro del canto lírico en Nicaragua.

Proyección escénica y desarrollo artístico

El tenor Fabricio Espinoza asumió en esta ocasión un papel protagónico, marcando un paso importante en su trayectoria. El artista subrayó las exigencias físicas y emocionales del personaje, indicando que “es algo magnífico, aunque requiere bastante preparación… este personaje tiene muchas facetas”, al referirse al proceso detrás de la interpretación.

INCANTO se posiciona como un referente en la promoción del arte lírico, brindando espacios de formación y presentaciones que fortalecen la escena cultural. Este tipo de iniciativas contribuye a consolidar la proyección artística nacional y a fomentar el interés de nuevas generaciones por la ópera.