Detrás de esta historia está Julio Rafael Sánchez Álvarez, de 35 años, quien actualmente se desempeña como docente universitario. Sin embargo, también continúa con el legado familiar que iniciaron su abuela y su madre, una tradición familiar de sopas se mantiene desde hace 18 años en Managua, convirtiéndose en un ejemplo de esfuerzo y perseverancia.
Mi abuela que en paz descanse era la que hacía esta sopa. Cuando mi abuela fallece pues mi mamá sustituye, doña Gloria Álvarez.
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A través de este emprendimiento familiar, Julio y su hermana crecieron viendo el esfuerzo de su madre para mantener el negocio. A través de eso pues ella me preparó a mí, preparó a mi hermana, la familia la sostuvo.
Un negocio que impulsó su formación profesional
Julio cuenta que este emprendimiento fue el sustento de su familia durante muchos años. Gracias a ese esfuerzo logró convertirse en profesional y alcanzar nuevas oportunidades laborales.
A pesar de su trabajo como docente universitario, Julio mantiene viva la tradición familiar. Cada domingo se levanta desde muy temprano para preparar las sopas que ofrecen a sus clientes.
“Me levanto muy temprano, monto el perol. Yo dejo las verduras peladas desde el sábado y todas las compras hechas desde ese día. Luego, desde temprano inicio la preparación para que a las 10 de la mañana las sopas estén listas”.
Variedad de sopas y sueños de crecimiento
Entre las opciones que prepara cada domingo destacan sopa de res, sopa de mondongo, sopa de gallina con albóndigas y sopa de mariscos. La variedad forma parte del atractivo que mantiene fieles a sus clientes.
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Julio sueña con que en el futuro este emprendimiento familiar pueda crecer y convertirse en un comedor más amplio que permita atender a más personas.

Historias como esta reflejan cómo muchos nicaragüenses salen adelante a través de sus pequeños negocios. En Nicaragua disfrutar de una sopa los domingos es una costumbre muy arraigada. Para muchas familias también representa una oportunidad de trabajo y sustento.
Periodista: Margarita Cáceres