El acto conmemorativo del Día del Trabajador y en ocasión del 13 aniversario del paso a otro plano de vida del fundador del Frente Sandinista, Comandante Tomás Borge Martínez, fue presidido por los copresidentes de la República, Daniel Ortega y Rosario Murillo. En dicho acto, Ortega se refirió al séptimo aniversario del intento de golpe que, en abril del año 2018, fue orquestado por un grupo de empresarios, religiosos y otras personas organizadas y financiadas por agencias de Estados Unidos.

El copresidente Ortega rememoró esos eventos que sacudieron al país, cuyo objetivo principal era terminar con el proceso revolucionario que, en su segunda etapa desde 2007, estaba levantando al país a través de un acuerdo entre los trabajadores, la empresa privada y el Gobierno.

Ortega recordó los años previos al intento de golpe, destacando el gran acuerdo nacional alcanzado en 2007, que permitió una mejora en las condiciones de vida y un crecimiento económico sin precedentes, generando admiración incluso entre empresarios latinoamericanos.

Este proceso fue atacado mediante sanciones al Gobierno y a los empresarios, estos últimos doblegados al punto de encabezar actos de terrorismo donde destruyeron mucha infraestructura creada para atender a la población, asesinaron a decenas de sandinistas y a otro número de efectivos policiales, y destruyeron la economía del país, de lo que afirmaron que “era algo necesario”.

Diálogo y firmeza ante el intento de golpe

El copresidente recordó cómo el Gobierno intentó evitar la violencia, acuartelando a la Policía y buscando el diálogo, pero que finalmente se vio obligado a actuar para desmantelar los “tranques de la muerte” y restaurar el orden.

Luego de que los golpistas, encabezados en ese momento por la Conferencia Episcopal, pidieran su renuncia y el desmantelamiento de las estructuras de la administración pública en tres días, ante el llamado del pueblo y el descarado intento de golpe, la Policía Nacional, con la participación del pueblo nicaragüense representado por los combatientes históricos, participó en la operación que desmanteló cada uno de los tranques de la muerte.

El copresidente celebró la “victoria total” del pueblo nicaragüense, afirmando que la economía del país se ha recuperado y es una de las más fuertes de la región. Sin embargo, advirtió sobre la inestabilidad global, denunciando el resurgimiento del fascismo y el nazismo, y criticando las políticas del Gobierno de Estados Unidos.

Expresó también su solidaridad con Rusia, Venezuela y Cuba, países que según él son constantemente agredidos por Estados Unidos. Destacó, por otro lado, la política solidaria de la República Popular China, que ha llegado a muchos países en vías de desarrollo, incluyendo el nuestro, con respeto y respaldo al desarrollo de estas naciones, como lo hace en Nicaragua, lo que agradeció al presidente Xi Jinping.

El copresidente también denunció el trato inhumano a los migrantes por parte del Gobierno de Estados Unidos, que según afirmóutiliza las cárceles de El Salvador y Guantánamo para encarcelar a los latinos, pasando por encima incluso de las resoluciones judiciales de su propio país, cometiendo verdaderos crímenes. Particularmente, se refirió a la separación de una madre venezolana, quien fue deportada y separada de su hija de dos años.

Ortega reafirmó el compromiso del Gobierno nicaragüense de defender la paz y continuar trabajando por el desarrollo del país. Agradeció al pueblo por su valentía y resistencia, y juró, junto a los presentes policías, policías voluntarios, miembros del Ejército, miembros del Ministerio del Interior y otros ciudadanos que van a defender la paz.

Periodista: Héctor calero