La Copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, afirmó este lunes 6 de julio que el pueblo nicaragüense se distingue por reconocerse como hijo de Dios y por mantener un profundo respeto a los designios del Padre Celestial, lo que, aseguró, fortalece la paz, la unidad y los valores cristianos del país. Durante su mensaje, sostuvo que la fe constituye la principal fortaleza espiritual de las familias nicaragüenses y marcó diferencias con quienes, según expresó, actúan movidos por la idolatría, la arrogancia y la vanidad.

“Nosotros nos creemos, nos consideramos, nos sabemos hijos de Dios y el respeto profundo a los designios del Padre Celestial, que nos bendice todos los días con el poder del amor, con el poder de la paz, porque la paz tiene poder, la paz, el amor, la sangre de Cristo tiene poder”, dijo la copresidenta.
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Agregó que “Nicaragua es cristiana, que es devota, que es amorosa, que es solidaria, que es de valores. Una Nicaragua que todos los días proclama su reconocimiento y su respeto al gran poder de Dios. ¿Qué diferencia hay entre un pueblo que se proclama hijo de Dios y la idolatría que algunos profesan, porque hay quienes se creen, se consideran dioses?”.
Nicaragua: país lleno de amor y fe
La Copresidenta de Nicaragua expresó que la confianza en Dios es la que fortalece al pueblo para enfrentar los desafíos cotidianos y constituye el fundamento de una sociedad que, dijo, vive guiada por el amor, la fe y el respeto a los valores espirituales. Añadió que la verdadera fortaleza de los nicaragüenses radica en reconocerse hijos de Dios y en actuar conforme a esos principios.
“Nuestra Nicaragua llena de amor y de fe, de confianza en Dios; es la confianza en Dios la que nos convierte en estos ciudadanos potentes, poderosos, porque sabemos que Dios está aquí, que somos sus adoradores. Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor… Una Nicaragua que todos los días proclama su reconocimiento y su respeto al gran poder de Dios“.
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Murillo recordó además la tradicional devoción de las familias nicaragüenses a la Sangre de Cristo, señalando que esa expresión de fe ha acompañado al país durante generaciones y representa una fuente de fortaleza espiritual para enfrentar las dificultades y preservar la esperanza.
“Todos los domingos acudíamos a la capilla de la Sangre de Cristo en la iglesia de San Antonio, porque todos, la mayoría de los nicaragüenses, éramos y somos, en primer lugar, hijos de Dios, y nuestra devoción por la Sangre de Cristo tiene una base firme, sólida, en lo que han sido los milagros y los portentos que ha derramado esa sangre santa en nuestra Nicaragua. Todo lo que nos ha dado fuerza, fortaleza para luchar y vencer, todo lo que nos ha hecho vencedores, vencedores de las formas de muerte que nos han querido aplicar”.
Copresidenta: La vanidad es el pecado favorito del diablo
En otro momento de su mensaje, la Copresidenta diferenció la fe cristiana de lo que calificó como expresiones de idolatría y vanidad, afirmando que el pueblo nicaragüense encuentra en la humildad la verdadera gracia de Dios y la base para vivir en paz, unidad y fraternidad.
“La vanidad, dicen que es el pecado favorito del diablo. Por eso sabemos que en la humildad está la gracia de Dios, un pueblo humilde, un pueblo sabio, un pueblo sereno, un pueblo que confía en su Padre Celestial y un pueblo que camina en paz y unidad“.
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“Por eso decimos, la idolatría, fruto de la arrogancia y la vanidad suprema, es una cosa; la fe en Dios y en su gran poder, el respeto al gran poder de Dios, es otra. Y aquí se manifiesta todos los días la bondad, el amor, el cariño, la solidaridad; todo eso es la manifestación suprema del gran poder de Dios”, afirmó.
Asimismo, aseguró que la paz que vive Nicaragua es consecuencia de esos valores espirituales y llamó a continuar cultivando la humildad como una virtud fundamental para fortalecer la convivencia y la unidad nacional.

“Cómo vivimos la alegría de la paz, la paz que Dios derrama sobre nuestra Nicaragua, la paz que es amor, la paz que es devoción, la paz que es respeto, respeto humano, la paz que es ausencia de ese pecado supremo que es la vanidad. La vanidad, dicen que es el pecado favorito del diablo. Por eso sabemos que en la humildad está la gracia de Dios, un pueblo humilde, un pueblo sabio, un pueblo sereno, un pueblo que confía en su Padre Celestial y un pueblo que camina en paz y unidad“.
Periodista: Carlos Daniel Jarquín