Una esposa le escribe una carta abierta y descarnadamente honesta a la amante de su marido

En una carta abierta que le escribió desde el corazón a la amante de su marido, una australiana anónima describe el momento en el que pensó por primera vez que su marido la estaba engañando. Dice que todo comenzó el día en que su amante cogió “casualmente” el teléfono móvil de su esposo e introdujo su código de desbloqueo para hacer una foto.

“Me sentí mal. Yo no conocía el código”, declaró la esposa en la carta abierta, que fue publicada originalmente el jueves en 9Honey. “Tú no sabías el momento desgarrador por el que yo estaba pasando ni eras consciente de tu descarado exceso de confianza con él”.

Luego la mujer describió cómo su marido comenzó a criticar de forma progresiva sus ideas, incluso algo tan simple como las compras que hacía en las tiendas de comestibles.

“Mencionó que tú nunca compras atún en agua, ya que el atún en aceite es mucho más saludable. Comencé a comprar atún en aceite”, dice la carta. “Un día trajo a casa tres bolsas de frutos secos activados [es decir, remojados en agua] de algún mercado en el que tú los habías comprado para él y los puso en mi alacena. Otro día fueron magdalenas con crema de arándanos que habías preparado para nuestras meriendas. Qué servicial. Qué dulce, comentó”.

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La carta continúa explicando cómo la esposa apareció una vez en la empresa de su marido tras recoger a sus dos hijos de la escuela y sorprendió a su amante “descalza” y con unos “pantalones muy cortos” mientras trabajaba en el suelo de la oficina de él. En otra ocasión, la mujer asegura que vio a la amante riendo y “haciéndole ojitos” por encima de su ordenador portátil a su marido, en un café.

“Reservaste sus alojamientos, le sugeriste restaurantes y salones de manicura y pedicura para mí. Le hiciste trenzas en el pelo a mi hija y cosquillas a mi hijo cuando yo estaba presente”, afirma la carta.

La carta abierta dice que la amante tenía un “descarado exceso de confianza” con su marido, pues conocía la contraseña de su teléfono y reservaba sus alojamientos (Foto: Getty Images).

La esposa dijo que su marido comenzó a regresar a casa cada vez más tarde, a las 9PM o 10PM.

“Llamaba y no me contestaba, sólo recibía un breve mensaje que decía ‘a 5 minutos de distancia’. Me preguntaba qué era tan importante en nuestra pequeña empresa como para que no pudiera trabajar desde su ordenador, en casa, conmigo. ¿Qué era tan importante como para que se perdiera noche tras noche la oportunidad de estar con dos niños encantadores, chapoteando en un baño de burbujas, dándole sorbos a un yogur y leyendo cuentos?”.

“Tú eras más importante”, acusa la carta.

La carta afirma que la amante se volvió cada vez más atrevida, alguien que seguramente escuchaba las “aflicciones maritales autoinflingidas” de su esposo.

“Comencé a sentirme ansiosa, insegura y entré en pánico. Adelgacé, me teñí de rubia, aprendí a cocinar mejor y a ser una mejor madre… pero nada, nada podía cambiar su mirada vacía cuando él estaba cerca mío”.

Dice que se volvió paranoica con la idea de que su familia se rompiese y comenzó a rastrearlo usando su iPhone. Descubrió que estaba donde debía estar: en la oficina. Le dijeron que actuaba como una loca y una celosa, pero ella simplemente estaba desesperada por salvar a su familia.

“A decir verdad, me encontraba sola, sin amor, agotada emocionalmente…”.

Un día su marido le dijo que ya no quería “vivir más así” y que se marchaba. Esto ocurrió después de que pasara un largo día con su supuesta amante en un evento deportivo.

“Me dijo que no me quería, que nunca podría volver a quererme”, reza la carta. “Me dijo que sólo alguien que estuviese loca seguiría a su pareja a través de su teléfono móvil…”.

Le dijo que sólo alguien que estuviese loca seguiría a su pareja a través de su teléfono móvil (Foto: Getty Images).

Cuando la esposa se enfrentó a la amante, esta última se burló de ella.

La carta continúa: “Tú, que me trataste como si fuera una intrusa en mi propia relación, dijiste: ‘qué historia has inventado de la nada, tú, mujer débil’. Luego me preguntaste cruelmente si había olvidado tomarme las ‘pastillas del psiquiatra’ esa mañana”.

La mujer admite, no obstante, que no puede echarle toda la culpa a la amante por la ruptura de su relación, pues al marido le correspondía una buena parte, pero señala que la amante no entendía el dolor que le provocaba a los niños cada noche, cuando preguntaban dónde estaba su papá.

La estremecedora carta concluye: “…mi única venganza es mi pluma y una profunda convicción interior de saber que un día tú también sufrirás lo mismo. Un día, quizás dentro de tres o diez años, te verás sentada en tu casa, esperando a tu marido con la comida fría y una copa de vino en la mano, mientras tus hijos duermen y te preguntas dónde está”.

 

 

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