Testimonios de lo que se siente estar muerto por unos minutos

Hemos creado nombres para casi cualquier fobia, catalogamos los miedos. Existe gente con terror a las arañas, otros a la soledad y algunos temores más que sobrepasan la lógica. Pero existe uno que comparte la mayoría de la población: el atemorizante hecho de que un día, sin importar lo que hagamos ni cuánto nos esforcemos en evitarlo, vamos a morir.

Durante gran parte de la historia hemos creado pretextos para perder ese miedo. Religiones han nacido dándonos la idea de que viviremos después junto con nuestros seres queridos en el cielo, pero también nos enseñaron que existen otros lugares si no hacemos buenas acciones; terminaremos en el purgatorio o el infierno. Los agnósticos y ateos aseguran que no hay nada después de esta vida, pero entonces ¿qué sucede realmente cuando dejamos de vivir?

Parece una pregunta imposible de responder. No existe nadie que haya vuelto de entre los muertos para contar su experiencia…¿o sí? Sin embargo, existen cientos de personas que han perdido la vida por algunos minutos. Individuos cuyos médicos lograron traerlos de vuelta antes de partir para siempre. Decretados como difuntos por agónicos instantes, partieron de este plano hacia un sitio desconocido y aunque algunos deciden no contar su experiencia, otros más comparten lo que vieron o experimentaron cuando –por distintas razones– estuvieron a punto de morir.

Lo extraño de dichos testimonios, es que ninguno tiene conexión con otro. Es como si cada uno hubiera vivido eventos distintos. Algunos hablan sobre un cielo y afirman haber visto a su familia, otros aseguran que el purgatorio aparece y unos cuantos más dicen que el infierno está cerca. Nadie puede saber con precisión lo que pasa, pero las siguientes palabras pueden ayudarnos a crear una idea de cómo vivieron a la muerte en carne propia:

“Estaba haciéndome un angiograma, estaba despierto mirando la pantalla y hablaba con el doctor. Las alarmas sonaron y todos entraron en pánico. Mi mundo se hizo suave y nublado y todo se hizo negro. Lo que recuerdo fue abrir mis ojos y escuchar a un doctor decir ‘lo tenemos de vuelta’, me sentí más pacífico que cualquier otra cosa”.

“Estaba parado en alguna parte. Había neblina a mi alrededor, vi a mi mejor amigo –con el que había peleado y había dejado de hablarle– salir de la oscuridad. Me dijo que aún no me podía ir, que debía intentarlo con más fuerzas y que si prometía no rendirme, me vería en la Tierra. Acepté sin palabras y volví instantáneamente a mi cuerpo”.

“Tengo un recuerdo de verme en la ambulancia mientras me llevaban al hospital. Yo estaba parado viéndome a mí mismo y a los demás adentro del vehículo”.

“Mi padre tuvo un terrible accidente de motocicleta donde básicamente pulverizó sus dos fémures. Murió cuatro veces en camino al hospital y requirió 23 transfusiones de sangre. Dijo que no recuerda lo que le pasó a su cuerpo, pues no estaba ahí. Estaba sentado en algún lugar realmente cálido que se sintió familiar. Estaba hablando con sus familiares con mayor edad, quienes estaban parados en un círculo.

Dijo que trataba de pararse para unirse al círculo para que lo empujaran hacia abajo. Le dijeron que no debía estar tan emocionado de estar con ellos y que aún no era tiempo para que él se fuera porque tenía una familia que cuidar. Dijo que la última vez que trató de levantarse, alguien lo golpeó tan fuerte que sintió que se desmayaba. Cuando despertó estaba en el hospital”.

“Colapsé en una junta de trabajo en febrero de 2014 y no tuve pulso ni ritmo cardiaco durante cinco minutos. Mi último recuerdo ‘guardado’ fue de una hora antes del incidente y el siguiente fue de dos días después cuando desperté de un coma inducido médicamente. Gané consciencia medio día antes de que mi cerebro pudiera crear nuevos recuerdos y seguí repitiendo las mismas tres preguntas durante horas. Eventualmente mi esposa y amigos comenzaron a inventar ‘mejores respuestas’ porque odiaban ver el miedo en mi cara cuando me explicaban lo que realmente había sucedido”.

“Tuve una sobredosis de medicamentos para dormir en mi primer año de universidad. Estuve legalmente muerto durante tres minutos aproximadamente. No recuerdo mucho, pero cuando los supervisores vinieron a mi dormitorio me hacían todo tipo de preguntas para mantenerme despierto y yo me desmayaba a la mitad de las respuestas. Recuerdo un poco del viaje en la ambulancia pero no de mi propio cuerpo. De verdad fue la cosa más rara que haya experimentado. Pudo ser un sueño, pero vi mi propio cuerpo inconsciente, sin pulso cardiaco. Recuerdo al supervisor estando en la ambulancia conmigo. Tenía cabello verde y no recordaba su nombre, pero se lo pregunté cuando recuperé el conocimiento tres días después”.

“Mi padre sufrió un ataque muy grave cuando estaba a la mitad de sus veintes y murió por un corto periodo. Lo describió cono si una luz calma y cálida se hiciera más brillante a su alrededor. Percibió una presencia familiar y amigable y después sintió como si estuviera entrando en un sueño. Recuperó el conocimiento unos cuantos días después y no recordaba nada excepto ese sentimiento. Aparentemente también escuchó a sus amigos”.

“Mi madre tuvo una aneurisma cerebral que era casi fatal. Después de que los doctores nos dijeron que moriría, nos contó que después de varias horas de dolor horrible, sólo sintió paz. Describió una levedad del ser y una felicidad relajada. Las primeras palabras que me dijo cuando despertó fueron: “¿No fue tan triste lo de Miguel Ángel (Buonarroti)?” 

“Hace unos cuantos años mi primo murió en la mesa de operaciones y lo revivieron después de un par de minutos. Lo describió como pacífico pero también tuvo una sensación de bienvenida y amor. Dijo que se sentía como volver a casa. Está bien y sabe que no era su momento para irse, ahora no tiene miedo a la muerte”.


No resulta extraño que lo único en común sea el sentimiento de paz. La teoría que toma fuerza a partir de los previos testimonios, es que no pasa nada en realidad. Nuestra mente accede al lugar donde queremos estar. Es decir, si somos cristianos, veremos el cielo y a nuestra familia. Si somos ateos, es difícil que veamos la luz de la que algunos hablan.

Todo parece depender de la mentalidad de cada persona. Podemos pasar de vernos a nosotros mismos en una ambulancia o estar en el cielo con nuestros amigos, familiares y todos los seres queridos que murieron antes que nosotros. Si los testimonios anteriores sirven para llegar a una conclusión, es que no existen elementos concretos para creer que hay algo más allá de la muerte. Lo que vemos parece un regalo de nuestra mente en sus últimos instantes, pues sabe que es el final y no existe nada más, así que nos da calma con estímulos positivos para que poco a poco, la consciencia se apague junto con toda la actividad cerebral y finalmente, perdamos el miedo que toda la vida tuvimos a morir.

 

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