Cosas que pasarán en tu boda (y probablemente no podrás evitar)

Aunque hayas organizado tu boda con mucha antelación, preocupándote por los detalles más pequeños para que todo salga bien, hay otras cosas que no puedes controlar (y que suelen ocurrir en un enlace). Te decimos cuáles son para que no te pillen por sorpresa, pero no para que te tortures con ellas porque no merece la pena. Tú lo único que tienes que hacer es disfrutar de cada segundo de vuestro día y olvidarte de todo lo demás.

Te reirás como si no hubiera un mañana: Te casas con tu príncipe azul, están todos vuestros amigos y, por supuesto, llevas el vestido de tus sueños. ¡Claro que no pararás de reír! Es lo que tiene la felicidad.

Llorarás: “No voy a llorar, no voy a llorar…”. Aunque te lo hayas repetido mil veces o te consideres la persona más fría del mundo, es inevitable no soltar alguna lagrimita el día de tu boda.

Acabarás un poco harta de tanta fotito: No solo tendrás que posar para los fotógrafos, sino también para las cámaras de tus amigos. Por eso es muy normal que acabes un poco cansada de tantos posados, pero seguro que te cambiará la cara cuando veas el resultado.

Estarás muy nerviosa: No habrás dormido casi nada y el trayecto en coche se te hará eterno. Estar nerviosa el día de tu boda no es una mala señal, sino lo más normal del mundo. No te preocupes, ya verás como todo saldrá bien.

Te olvidarás de todo de camino al altar: Todo lo que tenías que hacer camino al altar (andar despacio, sonreír, llevar el ramo pegado a tu cuerpo…) se te olvidará cuando te bajes del coche. Esto es así y tampoco lo podrás evitar.

Siempre habrá alguien que se pase con el alcohol: Que un invitado beba más de la cuenta es un clásico en las bodas. Lo importante es que no seáis vosotros los que os emborrachéis.

Hablarás muy poco con tu marido: Probablemente, sea el día en el que menos hables con tu pareja desde que salís juntos y, al mismo tiempo, el más feliz y romántico.

No podrás saludar a todo el mundo: Cuánto más grande sea tu boda, más difícil será que hables con todos los invitados. No te agobies, ellos lo entenderán. Ya tendrás tiempo de agradecerles su presencia otro día.

No comerás casi nada: Estarás tan ocupada (y preocupada porque todo salga como lo habías planeado) que te olvidarás de comer.

Que tu marido acabe haciendo el ridículo: Si tu pareja no acaba enseñando más de la cuenta y/o haciendo alguna tontería por culpa del alcohol, entonces habrás tenido mucha suerte.

No querrás que el día se termine: El día se te pasará volando y no querrás que se acabe nunca. Cuando te quieras dar cuenta, ya estarás en tu viaje de luna de miel.