6 observaciones científicas que te ayudarán a superar las rupturas

6 datos inevitables que nos ayudarán a entender un poco más qué es eso de la ciencia de las rupturas.

I. Las rupturas se ven venir

Es probable que no lo quieras admitir, pero todos somos conscientes cuando algo se está yendo al carajo. Puede que no lo digas en voz alta, por eso de que cuando las cosas se nombran comienzan a existir, o puede que te coloques una venda kilométrica en los ojos para vivir ajena a la incómoda realidad. Pero la realidad es la que es. Podríamos hablar del efecto Pringles, por lo de que ‘cuando haces pop, ya no hay stop’. Y en esto del amor, no hacer caso al momento en el que la vocecita de tu cabeza te dice que algo ya no funciona, puede tener consecuencias fatales.

Según la ciencia, las semillas de esta decadencia en la relación se encuentran en actitudes de las que los sujetos no son conscientes o son incapaces de verbalizar. Así lo indica un estudio publicado en 2010 en la revista Pyschologycal Science, en el que se pedía a 222 voluntarios que nombraran a su pareja y dijeran dos palabras con las que identificaban a esa su «media naranja».

Luego los investigadores agruparon todas las palabras y se pidió a los participantes que las juzgaran. Debían pulsar un botón, dependiendo de si relacionaban cada vocablo con algo positivo o negativo. La idea es que si una persona siente de forma positiva acerca de la palabra que le dio a su pareja, pulsará el botón positivo más rápido, y viceversa.   El estudio siguió las trayectorias vitales de las parejas para concluir que los participantes que apretaban el botón positivo más rápido que el negativo tenían menos posibilidades de dejarlo en el próximo año que los que habían pulsado el botón negativo más rápido.

Piensa que harías tú si tomaras parte en un experimento similar, qué palabras usarías para describir a tu pareja, qué valores asocias a esas palabras, y ahí puedes tener una pista de si las cosas están funcionando o no entre vosotros.

II. Y cuando llegan, las rupturas pueden provocar cambios en nuestra propia identidad

¿Sabes esas parejas que empiezan a vestir igual? ¿Y a hablar igual? ¿Y a hablar en PLURAL? ¿Esas relaciones de simbiosis en las que no sabes dónde empieza una persona y dónde acaba la otra? Pues bien, entrar en ese estilo de vida es más tóxico que la fuga de un reactor nuclear, pero lo cierto es que provoca un fenómeno curioso. Llegados a ese punto, las parejas ya no solo completan las frases del otro sino que empiezan a completarse el uno al otro.

Estudios científicos han mostrado que las parejas implicadas en relaciones a largo plazo desarrollan memorias interconectadas, convirtiéndose cada individuo en parte de un sistema del que dependen ambas personas. Es por eso que, cuando esa relación se acaba, esa gente no solo experimenta dolor sino también cambios en su personalidad.

Un estudio psicológico publicado en el journal Personality and Social Psychology Bulletin explica que cuando rompemos con alguien, nuestro mundo se vuelve del revés y puede que incluso lleguemos a no saber qué pensar de nosotros mismos. Nos ponemos en duda, nos cuestionamos ciertos valores, nuestros principios, ciertos rasgos de nuestra personalidad.

Para comprobarlo, los investigadores del citado estudio revisaron las entradas de diario de universitarios y realizaron encuestas de opinión durante varios meses. Comprobaron que los estudiantes que habían pasado por una ruptura tenían más tendencia a introducir palabras como “confuso” o “desorientado” en sus textos del diario. Además, como pudieron comprobar a través de una encuesta de 6 meses, las personas que habían perdido a su pareja mostraban más angustia emocional. En concreto, aquellos estudiantes que menos claro tenían cómo eran, los que tenían más dificultades para definirse a sí mismos, más dificultades mostraban tras la ruptura.

III. Un poco de cama y regodeo emocional en las miserias propias no vienen mal

Lo mejor de dejarlo con alguien es eso: tener la excusa perfecta para poder pasarte un fin de semana en pijama, metido entre las sabanas, sin duchar y comiendo helados a todas horas sin sentirte ni una pizca culpable. Debería hacer algo con mi vida…. Oh, wait, me han dejado. Así que me quedaré aquí regodeándome en mi miseria mientras reviso su última hora de conexión, dice tu voz interior. La misma que te gritaba que lo dejaras hace unos meses…

Según un estudio de 2015, analizar con calma nuestros sentimientos post ruptura y afrontar la realidad de forma clara puede ser de gran ayuda.  

Para el estudio, los investigadores pidieron a varias personas que lo acababan de dejar con sus parejas que participaran en sesiones intensivas de exploración de sentimientos acerca de la ruptura. Al contrario de lo que se pueda pensar, las personas que se habían sometido a estas sesiones, en las que tenían que profundizar en sus peores sensaciones, en sus miedos, en los sentimientos de culpa, se recuperaban mejor que las que habían participado en sesiones más cortas y ligeras.

IV. Revolcarse en las miserias sí, pero no demasiado

Cuando llevas cinco días sin ducharte, tu pijama ya forma parte de tu ser y has fundido el f5 de tu ordenador stalkeando a tu ex por Facebook, debes plantearte que los días de miseria y duelo se deben acabar.

Según una investigación publicada en 2012 en la revista Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, la gente que pasa más tiempo cotilleando en redes sociales a sus ex novios tiende a experimentar sensaciones de angustia, anhelo y negatividad de forma más acusada que aquellos que no.

Por otro lado, otro estudio incidía que tampoco es bueno cortar toda la comunicación, porque podría darse el efecto contrario. Aumentaría el halo de misterio que envuelve a nuestra ex pareja y lo podríamos subir en un pedestal.

V. Es difícil olvidar, pero no imposible

Las rupturas son adictivas y puede que, pasado un tiempo, sigas recordando a tu ex novio. No debes culparte por eso. Sucede con mucha frecuencia, aunque es cuestión de tiempo superarlo.

Así lo comprobaron en una investigación publicada en 2010 en Journal of Neurophysiology, en el que los científicos enseñaron a los participantes fotos de sus ex parejas. Al mirar imágenes de su amor perdido, los voluntarios mostraron actividad cerebral en una región llamada el área ventral tegmental, que se encuentra en el cerebro medio. Esta zona es conocida por activarse cuando la gente está enamorada y en situaciones que implican motivación y recompensa. También se activaron otras áreas relacionadas con las gratificaciones y la adicción.  

VI. Y al final, las rupturas tampoco son tan malas

Hemos demonizado las rupturas en virtud de una percepción errónea del amor. El amor no es eterno ni puede con todo. Se acaba y ya está. Y todos nos sobreponemos. Y, de hecho, más rápido de lo que pensamos.

Las personas se recuperan de las rupturas aproximadamente dos veces más rápido de lo que esperaban, y no se sienten tan devastadas por la pérdida de la relación como predijeron que se sentirían. Así lo indicaba un estudio de 2008 publicado en el Journal of Experimental Social Psychology, donde los investigadores dieron seguimiento a 70 estudiantes sobre sus relaciones.

Todas las semanas les pedían el estatus de la relación así como la forma en la que la gente esperaba sentirse al acabar la relación. La gente creía que iba a tardar unas 20 semanas en recuperarse emocionalmente. Sin embargo, en las 26 parejas que lo dejaron en ese tiempo no fue para nada así: el duelo promedio solo les duró unas 10 semanas, la mitad de lo esperado.

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